Santa indiferencia

Todo va cambiando en mi alma. Lo que antes me hacía sufrir… ahora me es indiferente… Lo que antes me humillaba, ahora casi me causa risa. Ya no me importa mi situación de oblato en el monasterio… Veo que el último lugar es el mejor de todos; me alegro de no ser nada ni nadie, estoy encantado con mi enfermedad que me da motivos para padecer física y moralmente… ¿Qué más da comer solo que acompañado, lentejas que patatas, padecer hambre o sed, vivir hacia la derecha o hacia la izquierda? Todo me es igual. Sólo quiero amar a Dios y cumplir su voluntad. ¿Qué hay fuera de eso? … Si de veras estamos unidos por amor a su voluntad, nada desearemos que Él no desee, nada amaremos que Él no ame, y estando abandonados a su voluntad, nos será indiferente cualquier cosa que nos envíe, cualquier cosa que nos ponga… Todo lo que Él quiera de nosotros no solamente nos será indiferente sino que será de nuestro agrado.
San Rafael Arnaiz