Una Presencia que nos mira desde nuestras entrañas

Hay una expresión en el Cántico Espiritual de S. Juan de la Cruz sobre la Presencia de Dios en nosotros verdaderamente hermosa. Después de las estrofas de la búsqueda de Dios, vienen unos versos en los que el alma se siente en la necesidad de decir lo que sigue: “Oh cristalina fuente/, si en esos tus semblantes plateados/ formases de repente/ los ojos deseados/ que tengo en mis entrañas dibujados…” La Presencia de Dios la representa aquí el poeta en “esos ojos deseados que tengo en mis entrañas dibujados”. Se trata, por tanto, de una Presencia que nos mira permanentemente desde nuestras entrañas (lo más íntimo de nosotros mismos). Es Dios volcado hacia nosotros, dirigido a nosotros desde nosotros mismos… Por eso, el mismo San Juan de la Cruz anota que la mirada de Dios provoca en nuestra alma cuatro bienes principales: “limpiarla, agraciarla, enriquecerla y alumbrarla.” ¿Cómo no va a ser posible la oración si estamos agraciados con la Presencia activa y actuante de Dios en nuestro interior?

Juan de Dios Martín Velasco (Orar para vivir)