EL TRAJE DE BODA

Marthe – Donas ‘Verreries’, 1919

La parábola del Evangelio de hoy es muy clara. Los judíos a  quienes Jesús ha venido a invitar al banquete de bodas del Reino de Dios rehúsan asistir. Habían resistido antes la invitación de los profetas en el mismo sentido. Jerusalén será destruida en el año 70 de nuestra era. Los judíos serán dispersados hasta épocas muy recientes Pero un Nuevo Pueblo nace en ese primer momento: La Iglesia, pueblo de Dios, donde los cristianos de origen pagano serán con muchísimo superiores a los de origen judío.

Es precisamente para estos de origen pagano para los que Mateo presenta la segunda parte de la parábola. Esa que está de absoluta actualidad y que nos recuerda a cada uno de nosotros que no basta ser invitado, que no basta entrar en la Iglesia por el Bautismo, sino que hay que hacerse digno o mejor, abrirse a la gracia de Dios, es decir llevar el vestido de fiesta, el vestido de boda, que dice la misma parábola. Seguir leyendo

La comunicación restaurada

Viñedos en Otoño | Ribeira Sacra | Galicia

La viña es una imagen recurrente en las Sagradas Escrituras. Esta viña, que es el Pueblo de Dios, es objeto del amor y de los cuidados de su propietario, que es el mismo Dios. Jesús se está refiriendo, en la parábola (Mt 21,33-43), a tantas situaciones históricas en las que los enviados de Dios, los profetas, no son bien acogidos por los que detentan el poder, cualquier forma de poder. La Buena Noticia, la proclamación de los valores del Reino, la defensa de los derechos de los más pobres y más débiles, le llevaron a Jesús a arriesgar y a perder su vida.

Jesús pierde su vida liberando, y libera haciendo el bien, restableciendo la comunica­ción destruida, devolviendo a las personas la capacidad para entrar en comunión. Así es Dios. A su paso se deshielan los témpanos que dificultan las relaciones, y se restaura el diálogo cercenado por el mutismo de las violentas marejadas de nuestras guerras frías.

En Jesús, Dios continúa creando, haciendo nuevas todas las cosas. Lo hace, abriendo los canales necesarios para la mirada y la expresión, ofreciéndonos la posibilidad de entendernos nuevamente entre nosotros. Una mirada atenta, sin prejuicios, sin rencores, flexible, disponible a la modificación de nuestros criterios, desprogramada de condicionamientos, capaz de sintonizar con lo ajeno y de comprender lo extraño. Una expresión a través de la cual podemos comunicar sin miedos lo que pensamos, sentimos y creemos, con libertad para dar razón de las propias convicciones, proyectos y esperanzas. Comunicación desde el afecto entrañable y la acogida sincera, dispuesta a aceptar al otro como propio, desde su realidad concreta, herida, desde lo que cada uno es. Diálogo que no teme afrontar los conflictos y que, lejos de quedarse atrapado por éstos, pasa a través de ellos, para tender lazos de concordia. Seguir leyendo

Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia

From Darkness to Light | Alexander Sadoyan | 2009

Ante Dios lo importante no es hablar, sino hacer. Para cumplir la voluntad del Padre del cielo no son las palabras, promesas o rezos, sino los hechos. Es en la vida cotidiana en la que se nos invita constantemente encontrar la voluntad de Dios en nuestras vidas.

En este domingo nos encontramos con una parábola de Jesús (Mt 21,28-32) tan simple pero al mismo tiempo tan singular que, prácticamente todo comentario o reflexión están demás, aunque podemos correr el riesgo de creer que ya sabemos la respuesta. Lo curioso es que esta parábola atraviesa la historia como una denuncia de una vivencia religiosa puramente formal, puramente exterior, y de una frialdad polar, que ningún cambio climático es capaz de derretir. Por otro lado, nos encontramos con el elogio que Jesús hace a lo arreligioso, a lo impuro, a lo prostituido, al enfermo, al ateo, porque él tenía experiencia que en el mundo marginal había sed de salir de un pozo sin fondo, pero que las instituciones político-religiosas con sus rigideces no les daban ninguna esperanza a sus anhelos.

Jesús de Nazaret tenía experiencia por su relación con el pueblo pobre y humilde que se movía en la marginalidad social, que si te acercas a los considerados “pecadores públicos” con la moral de la Ley y del Templo, te dan la espalda. Si  nos acercamos con el corazón abierto, una sonrisa sincera, y una mano tendida, el muro que nos separa se derrumba, porque la gran intuición de San Pablo -“Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”- nos indica que, ciertos razonamientos teológicos y ciertas vivencias negativas de la religión, no tienen en cuenta la supremacía de la gracia y de sus consecuencias: el pecado y sus efectos. Nunca podremos despertar la conciencia del descreído, del marginal, en un Dios que es pura gracia y puro amor, si no nos metemos en el corazón de las masas; ese es el gran reto que tiene por delante la Iglesia en estos momentos de descristianización. Seguir leyendo

Un misterio de bondad insondable

Reconstruir | Filippo Rossi | 2004

Jesús insistió una y otra vez en comunicar su experiencia de Dios como “un misterio de bondad insondable”. Su mensaje es tan revolucionario que hoy todavía no nos atrevemos a tomarlo en serio.

Para contagiarnos su experiencia de ese Dios Bueno, Jesús compara su actuación a la conducta del señor de una viña. Hasta cinco veces sale él mismo en persona a contratar jornaleros para su viña. No parece preocuparle mucho su rendimiento en el trabajo. Lo que quiere es que nadie se quede sin trabajo. Por eso mismo, al final de la jornada, no les paga ajustándose al trabajo realizado por cada grupo. Aunque su trabajo ha sido muy desigual, a todos les da “un denario”: sencillamente, lo que necesitaba cada día una familia campesina de Galilea para poder vivir.

Cuando el portavoz del primer grupo protesta porque ha tratado a los últimos igual que a ellos, que han trabajado más, el señor de la viña le responde con estas palabras admirables: “¿Vas a tener envidia porque yo soy justo?”. ¿Me vas a impedir con tus cálculos mezquinos ser bueno con quienes lo necesitan su pan de cada día? Seguir leyendo

Audiencia del Papa Francisco a los cistercienses

Esta mañana, a las 12, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano, el Santo Padre Francisco ha recibido en audiencia a los participantes en el Capítulo General de la Orden de los Cistercienses de Estricta Observancia. Publicamos a continuación el discurso que el Papa ha dirigido a los participantes en la audiencia:

Discurso del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas,

Os saludo con alegría con motivo de vuestro Capítulo general. Doy las gracias a cada uno de vosotros por esta visita, empezando por el Abad General que se ha hecho intérprete de todos ilustrando también el propósito y los objetivos de la asamblea. A través de vosotros quisiera enviar un cordial saludo a los hermanos y hermanas de vuestros monasterios repartidos en diversos países. Voy con mi corazón y mi mente a vuestros silenciosos claustros, de los cuales sube incesante la oración por la Iglesia y por el mundo. Y doy gracias al Señor por la presencia insustituible de las comunidades monásticas, que representan una riqueza espiritual y un recordatorio constante para buscar ante todo las cosas de “allá arriba”, para vivir en su justa medida las realidades terrenas.

En estos días de reflexión e intercambio de experiencias, estáis llamados a identificar los objetivos y los caminos para vivir cada vez con mayor autenticidad vuestra vocación y vuestra consagración, teniendo en cuenta las necesidades del momento presente, para ser así testigos de oración asidua, de sobriedad, de unidad en la caridad.
Seguir leyendo

La celda del monje

En el verano solemos contar con la compañía de muchos huéspedes. Algunos vienen todos los años; el Monasterio de Sobrado forma parte de su ruta en tiempo de vacaciones, para un tiempo de descanso, de reflexión, de silencio… Alfonso Crespo Hidalgo, presbítero de la Diócesis de Málaga, ha venido a Sobrado este año por primer vez. Trajo consigo un regalo precioso para la comunidad: un texto que describe una visita virtual a la celda de un monje. Alfonso también es escritor. Tiene varios libros publicados en la Editora San Pablo. Con un título muy original – Las paredes de la celda del monje – Alfonso, que nunca vivió en un monasterio, escribe un bellísimo texto, desde el punto de vista literario y desde la profundidad espiritual, sobre la vida del monje. Alfonso, por el testimonio que nos deja, confirma lo que dice el teólogo Raimon Panikkar cuando presenta el monje como arquetipo universal: «En la medida en que intentamos unificar nuestras vidas alrededor del centro, todos tenemos algo de monje.» Le agradecemos de corazón a Alfonso Crespo Hidalgo y compartimos contigo esta visita virtual a la celda de un monje. ¡Qué la disfrutes! Seguir leyendo

El perdón: vida que fluye de corazón a corazón

«Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano cuando me ofenda? ¿Siete veces?» (Cf. Mt 18,21-35) Para contestar a esta pregunta de Pedro, Jesús le cuenta la parábola del rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Ante la dureza de corazón de un hombre perdonado que no perdona a su hermano, el señor de la parábola entra en cólera: «Siervo malvado… ¿no debías haber tenido compasión de tu compañero, como yo la tuve de ti?» Y mandó castigarlo hasta que pagase su deuda. «Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.» Las palabras tan duras de esta parábola nos dicen como la misericordia, que se manifiesta de forma privilegiada en el perdón, está en el corazón del evangelio. Quien no perdona vive encerrado en sí mismo, con un corazón amargado, no puede sentir la alegría de la vida, no está abierto al amor, es como un árbol que se va resecando. ¿Habrá castigo más grande?

Hay males sufridos que, por su propia naturaleza, son muy difíciles de perdonar, porque nos hacen sentir hasta dónde puede llegar la miseria humana. Se producen daños que nos parecen imperdonables, hasta que nos damos cuenta que, como seres humanos, podemos realizar las obras más bellas como también podemos realizar monstruosidades. Hay situaciones que requieren un largo camino interior de reconciliación con uno mismo. Sí, con uno mismo, porque perdonar al otro solo es posible desde el conocimiento propio y de la aceptación amorosa de la propia sombra. Seguir leyendo

Donde dos o tres están reunidos

Le Grand Banket* | Françoise Schein | Place Sainte-Catherine – Bruselas

Hay una soledad que es inherente al ser humano. Las personas no podemos expresar ni comunicar a los demás de manera total las emociones o experiencias que vivimos dentro de nosotros. Por eso, se puede decir que, de alguna manera, todos estamos solos.

Esta soledad se acentúa en algunas situaciones particulares de la vida. Nadie nos puede acompañar en la crisis interior profunda, en la enfermedad o ante la proximidad de la muerte. Son momentos en que hemos de actuar cada uno sin que nadie pueda hacerlo por nosotros. «Cuando la vida se hace seria, cada uno de nosotros está solo».

Pero, junto a esa soledad «normal», hay otro tipo de soledad «enfermiza» que está creciendo en nuestros días. Según las estadísticas, alrededor del veinte por cien de la población se siente sola o poco acompañada en Occidente. La soledad ya no es prerrogativa de los ancianos o de algunas personas marginadas. Sorprende que también esos jóvenes pertenecientes a las llamadas generaciones «espontáneas» y «promiscuas» tengan dificultades para comunicarse. Seguir leyendo

Quien pierde con Cristo, gana

El destino de Jesús de Nazaret cuando toma la decisión de subir a Jerusalén no lo podemos leer ni interpretar como un destino cruel impuesto por Dios. La decisión de Jesús nace de una obediencia y una fidelidad a la palabra, era como en todos los profetas, un fuego ardiente que lo quemaba por dentro y ese fuego sólo podía apagarlo traicionándose a sí mismo, a su proyecto del Reino, a los hombres y a Dios. Jesús no lo va a apagar porque el vino a traer fuego a la tierra y ese fuego deseaba que hubiese prendido.

Jesús trata de explicar a sus discípulos, los de todos los tiempos, que el seguimiento de su persona y el compromiso con los valores del Reino van a chocar frontalmente con los estamentos políticos y religiosos que hacen del poder y de la religión un modo de dominar y esclavizar al pueblo, tal como sucedía en su tiempo y de muchas maneras se prolonga a lo largo de la historia. Por eso Jesús no quiso que sus discípulos se quedasen con la confesión triunfante de Pedro: El Mesías, el Hijo de Dios vivo. Porque todo triunfalismo siempre nos va llevar por mal camino. Hay una segunda cara de la moneda, y, es que, confesar a Jesús como Hijo de Dios vivo, tiene por fuerza que llevarnos por el camino de la cruz, porque si su palabra vive en  nosotros, esa palabra es una denuncia de toda injusticia, y no lo olvidemos: la columna vertebral del Reino de Dios es la Justicia. Seguir leyendo