LA APERTURA DEL OJO INTERIOR

Fotografía Rafael E. Monje de Sobrado

Los evangelios y los relatos de la Resurrección son catequesis que se han escrito para que creamos que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengamos vida en su Nombre, tal como nos decía el evangelio del pasado domingo. En este domingo Jesús Resucitado nos dice: ¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón?

Para el cuarto evangelio, el tema de creer aparece siempre unido a nacer de nuevo. Paradójicamente, no se trata de ver para poder creer, sino justo al revés: sólo cuando se cree, se ve. Creer significa confiar, como el niño que en su indefensión e ignorancia, vive totalmente entregado y confiado a los cuidados de sus padres, dependiendo absolutamente de ellos. ¿Qué significa creer o confiar? Entregarse y rendirse totalmente en las manos del Padre. Así resplandece una confianza inédita, porque se descubre que desde la perspectiva de Dios, todo está bien. Cuando el vagabundeo de creencias y deseos se acalla, se produce un nuevo nacimiento. Emerge la Paz y adviene entonces un estado de Presencia, de Confianza y de Comprensión en el que se empieza a ver. Seguir leyendo

Narradores del Resucitado

Multiform | Mark Rothko | 1948

«Sabemos que el anuncio pascual, es específico del cristianismo, la deuda de esperanza que los cristianos tenemos para con todos los hombres. También conocemos nuestras hondas resistencias a creer este anuncio inaudito; y, aún más, lo que nos cuesta creer en la resurrección de Jesucristo como prenda de nuestra resurrección» (Enzo Bianchi).

La fe en la resurrección no nace automáticamente dentro de nosotros, supone un largo proceso de maduración y de purificación en nuestro hombre interior. Es el mismo proceso que tuvo que pasar la primera comunidad: renunciar a una imagen creada en nuestro interior haciéndola absoluta de manera que ninguna otra pueda estar por encima de ella. Eso no es fe. Tenemos que renunciar a cualquier imagen, es como querer tocar y palpar, querer ver. Podemos pensar la resurrección de Cristo, bien intelectualmente, bien plásticamente, como si pintásemos un cuadro, siempre y cuando tengamos conciencia de que eso no es la resurrección.
Seguir leyendo

BUSCAR A DIOS EN TODAS LAS COSAS

Fuego de la Vigilia

En esta Noche Santa, la luz de Cristo, que resucita glorioso, disipa las tinieblas del corazón y del espíritu, sembrando esperanza, alegría y paz en el corazón humano, en las entrañas del mundo. Esta es la gran noticia, el motivo de nuestra reunión, de nuestra celebración festiva. Mediante la experiencia interior de la Resurrección podemos descubrir que hay otro modo de ser y de estar en la vida. Es como despertar a una manera distinta de percibir la realidad.

Cuando se da una esperanza total que prevalece sobre todas las demás esperanzas particulares, que abarca con su suavidad y con su silenciosa promesa todos los crecimientos y todas las caídas,  Seguir leyendo

LA FECUNDIDAD DE LA NOCHE

Fotografía Rafael E. Monje de Sobrado

La abundancia de luz nos regala lo inmediato. Es nuestro: este árbol, este pájaro, esta flor. Nuestra mirada se encariña con lo que está cerca, con lo que nos rodea. Nos quedamos quietos en medio de nuestra jaula de cosas, y todo viene hasta nosotros traído por esa luz que abunda. Los colores, las formas, el movimiento: todo llega hasta nosotros, como llega el alimento hasta el enjaulado, que termina por creerse el centro de todo lo que existe.

La jaula de la luz abundante puede amputar en nosotros la capacidad de volar. Y el que es incapaz de volar, termina por reducir la realidad a su pequeña realidad. Todas estas cosas que él cree poseer, y que en realidad lo poseen a él, pueden terminar por convertirse para él en lo único que existe; o en lo único que vale la pena pensar que existe. Terminará así por olvidar que en su misma tierra existen desiertos y ríos, montañas con nieve y selvas con pájaros en libertad. Terminará por no importarle que existan océanos y hombres que los navegan. Aunque sepa que existen otros mundos más allá de su propio planeta, esos mundos no le interesan para nada, y piensa que nada tiene que aportarle a su vida de jaula en su pequeña geografía satisfecha. Seguir leyendo

AMOR FRATERNO

Fotografía Rafael E. Monje de Sobrado

En un día tan señalado como hoy, día del Amor Fraterno, se nos recuerda que el aprendizaje y el crecimiento en el amor es lo definitivo y además tarea de toda la vida. Lo que nos hace felices, es experimentar el amor de Jesús hasta el extremo.

El mandato del lavatorio de los pies me parece que es demasiado exigente. Por ejemplo, ¿cómo puedo amar a una persona que no me es simpática, que suscita en mí sentimientos negativos? Es prácticamente imposible. A lo mejor, no tengo que obligarme al amor, sino descubrir que el amor es fruto de la fe, es decir, consecuencia de mirar al otro de una manera distinta. Seguir leyendo

TU VIDA ES DE DIOS

Fotografía Rafael E. Monje de Sobrado

En las celebraciones de estos días de Semana Santa, vamos a acompañar los últimos pasos –dolorosos y dichosos para nosotros- de Jesús de Nazaret por nuestra tierra. Jesús mismo nos va a enseñar en estos días el arte de morir. Y el único modo de enseñarnos cómo morir es enseñarnos cómo vivir. No están separados. Si conoces el modo correcto de vivir, sabrás cuál es el modo correcto de morir.

La vida de Jesús no fue otra cosa sino la expresión de la Vida de Dios que le habitaba. Él, el hombre libre según el Espíritu, conoció la Vida en su centro más íntimo. Su vida fue un derroche abundante de aguas vivas sanadoras, liberadoras, comunicadoras de amor y de vida que manaban del manantial del Espíritu. El Espíritu era su mismo ser. Jesús vivió muriendo, descentrado de sí mismo. Su centro era su Padre. Por eso la muerte es un revivir continuo, es la clave para que la vida resucite una y otra vez, para que la vida se libre de la humanidad vieja.De este modo serás capaz de fluir y podrás de nuevo volverte fresco y joven y ser la persona nueva que Dios quiere que seas. Por eso lo decisivo es cómo vivir, y Jesús no se cansó de mostrárnoslo con su propia vida. Seguir leyendo

EL ATRACTIVO DE JESÚS

Fotografía Rafael E. Monje de Sobrado

Unos peregrinos griegos que han venido a celebrar la Pascua de los judíos se acercan a Felipe con una petición: «Queremos ver a Jesús». No es curiosidad. Es un deseo profundo de conocer el misterio que se encierra en aquel hombre de Dios. También a ellos les puede hacer bien.

 

A Jesús se le ve preocupado. Dentro de unos días será crucificado. Cuando le comunican el deseo de los peregrinos griegos, pronuncia unas palabras desconcertantes: «Llega la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre». Cuando sea crucificado, todos podrán ver con claridad dónde está su verdadera grandeza y su gloria. Seguir leyendo

SAL DE TU TIERRA

Fotografía Rafael E. Monje de Sobrado

   

            Les voy a hablar en este domingo de lo que pienso sería uno de lo temas de las lecturas: la salvación, el perdón y la misericordia de Dios, para con el género humano.

            Adhiriéndose a los ídolos, deseando una independencia sin límites, los hombres pierden su verdadera libertad. Pero Dios no cesa jamás de perdonar y la sangre de Cristo continúa salvando al mundo.

            El ser humano tiene en el fondo de su corazón inteligente una ley que gobierna su conducta y la tiene desde su mismo origen. Es lo que llamamos la ley natural, ley que rige totalmente en todas las civilizaciones y tiempos dela humanidad. Le y que naturalmente irá cambiando en el sentido de profundizarse y perfeccionarse con el paso del tiempo. Seguir leyendo

DANOS A BEBER DEL TORRENTE DE TUS DELICIAS

Fotografía Rafael E. Monje de Sobrado

El Evangelio de hoy nos presenta un diálogo muy bello. Si algo aprendió de él la mujer samaritana, es que Jesús no se detiene ante nuestras resistencias y apegos sino que busca en nosotros ese punto de apertura gracias al cual puede emerger nuestra sed más honda. Jesús la escuchó de tal manera que provocó que ella fuera expresando ante él sus prejuicios, sus resistencias y sus recelos, hasta que emergió el deseo de vida que se escondía en su corazón, y entonces, como diestro pescador de fondo, Jesús tiró del carrete del deseo: “Si conocieras el don de Dios…”.

Gracias a la escucha de Jesús, la mujer samaritana aprendió a conectar con sus deseos, esos que permanecen dormidos en el fondo de cada uno, y a sondar dentro de sí misma, abriéndose más allá de los niveles superficiales, hasta llegar allí donde habita su verdadero anhelo, dando paso a la gracia de Dios. Si preguntáramos a la mujer de Sicar por la transformación de su deseo, posiblemente nos diría que nunca dejemos que nada ni nadie sofoque o entretenga los deseos que estuvieron en el origen de nuestro encuentro con Jesús, sino que siempre los mantengamos despiertos e insatisfechos porque en ellos se esconde nuestra mejor fondo de humanidad, lo que nos permite continuar abiertos y expectantes ante ese Don que nunca acabamos de conocer por completo. La samaritana aprendió de Jesús a conectar con los deseos dormidos en el fondo de su ser y a buscar esos “puntos de apertura” que pueden dejar paso a la gracia. Seguir leyendo

TRANSFIGURADO

Fotografía Rafael E. Monje de Sobrado

La fe tiene que ser verdadera y salvífica, es tal, cuando se hace amor. Así era la fe de Jesús de Nazaret cuando subió al monte dispuesto a poner una vez más su vida en las manos de su Padre. Su intención no era mostrar su divinidad a sus discípulos como muchas veces se suele interpretar el relato de la Transfiguración. No. Subió al monte como tantas veces para estar en oración con el Padre, para abandonarse en su amor porque le pesaba su condición de Siervo. Le era difícil asumir que su mensaje de salvación no fuera acogido sino rechazado y que subía a Jerusalén, no como el Mesías esperado sino como el Cordero que es llevado al matadero.

Desde lo alto del monte Jesús miro al mundo y lloró de amor. El mundo que veía era el rostro de su Padre, era su corazón, sus manos entrañablemente creadoras, llenas de vida, de paz y de bien. Allí estaban sus hermanos de todos los tiempos: los fuertes y poderosos y los humildes y oprimidos. Los que viven encerrados en su egoísmo y los que viven haciendo el bien. Los verdugos y los mártires, los explotadores y los explotados. Los que sumergen a las naciones en guerras espantosas y los constructores de la paz. Trigo y cizaña en el campo de Dios. Jesús no habla, hay un profundo silencio orante y se funde con su Padre en un beso y un abrazo de entrega y comunión. En ese monte, y antes del calvario, ya se hizo la consumación de su amor por la humanidad. Seguir leyendo