El absurdo y el perfume de la Presencia

Volatile | Instalación de Cildo Meireles | 1980-1994

«Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. (…) Vosotros lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. No os dejaré huérfanos…» (Jn 14,16-18)

No somos huérfanos. Somos morada del Espíritu, Aquel que clama en nosotros: ¡Abba, Padre! (…) El Espíritu asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. (Rm 8,15-16) No os dejaré huérfanos. Él es la memoria viva, actualizada, de la filiación en cada uno de nosotros.

El Espíritu es consolador y viene en auxilio de nuestra debilidad, no de una forma superficial, para evitarnos el dolor, no como una máscara espiritual, pero como Vida en la raíz de nuestra vida, como amor incondicional que nos fortalece para enfrentarnos a nuestra propia realidad. Y ésta es siempre la realidad más dura a que tenemos que enfrentarnos. La presencia del Espíritu nos convoca para la travesía de nuestra soledad, la verdad desnuda y sin velos que solo el desierto nos ofrece. Seguir leyendo

No a nosotros, Señor… a tu nombre da la gloria

Y el mundo se quedó en silencio | Nicola Magrin | 2011

“El que cree en mi, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores”
                                                                                                                                                       Jn 14,12

“Erase una vez un hombre tan piadoso que hasta los ángeles se alegraban viéndolo. Pero, a pesar de su enorme santidad, no tenía ni idea de que era un santo. El se limitaba a cumplir sus humildes obligaciones, difundiendo en torno suyo la bondad de la misma manera que las flores difunden su fragancia, o las lámparas su luz.
Su santidad consistía en que no tenía en cuenta el pasado de los demás, sino que tomaba a todo el mundo tal como era en ese momento, fijándose, por encima de la apariencia de cada persona, en lo más profundo de su ser, donde todos eran inocentes y honrados y demasiado ignorantes para saber lo que hacían. Por eso amaba y perdonaba a todo el mundo, y no pensaba que hubiera en ello nada de extraordinario, porque era la consecuencia lógica de su manera de ver a la gente.
Seguir leyendo

Atentos a la voz del Pastor

El Buen Pastor (det.) | Lucas Cranach der Ältere | s. XVI

La figura del Pastor era muy familiar en la tradición de Israel, muchos de sus dirigentes más destacados fueron pastores. El pueblo gustaba de imaginar a Dios como «Pastor». Por eso, la imagen de Jesús como Buen Pastor fue muy amada por la comunidad cristiana desde sus orígenes.

El tema de «Buen Pastor» nos está situando en un contexto pascual, podríamos decir que es una reflexión de la Iglesia para la Iglesia que se reconoce a sí misma como el Nuevo Israel, como el Nuevo Rebaño que tiene como único Pastor a Jesucristo.

Toda comunidad cristiana es un pequeño rebaño muy heterogéneo. Hay ovejas de todas las edades y de todos los colores porque el pastor no tiene acepción de personas. Y en la relación entre la comunidad y el Pastor hay una actitud que es clave: «ESCUCHAR». Los cuatro evangelistas comienzan con esta actitud: en Mateo, José escucha las palabras del Ángel. En Marcos, las gentes acudían a escuchar a Juan Bautista. En Lucas, María escucha y acoge las palabras del Arcángel Gabriel. En Juan, se nos dice que, a los que escucharon y recibieron la Palabra se les dio poder de ser hijos de Dios. Y, San Benito, comienza su Regla con el verbo «ESCUCHAR»: Escucha, hijo. Seguir leyendo

Silencio y Fuego

Las Ediciones Monte Casino acaban de publicar en libro –SILENCIO Y FUEGO: El monje en diálogo con su tiempo– las intervenciones de los ponentes de la Jornada Conmemorativa “Monjes de Sobrado – 50 años”, que se realizó el pasado 29 de octubre en el Colegio La Salle, en Santiago de Compostela.

El libro está en venta en nuestra tienda, en la portería del Monasterio, con el precio de 12 euros. Si deseas recibirlo por correo, te lo enviamos. El pago se efectuará por transferencia bancaria. Al precio del libro se añaden los gastos de envío. Contacta con nosotros a través de: sobrado50anos@gmail.com   Seguir leyendo

Asociación de Amigos del Monasterio

NACEMOS como tal Asociación en el año 2016, coincidiendo con los acontecimientos conmemorativos del cincuentenario de la vuelta del Cister al Monasterio de Sobrado.

CONTAMOS con personalidad jurídica propia, estando la Asociación debidamente inscrita en los Registros correspondientes.

SOMOS un grupo de personas de la más diversa condición, edad y procedencia unidas por la voluntad decidida de colaborar con la Comunidad de Sobrado. Seguir leyendo

En el camino de Emaús…

Los peregrinos de Emaús | Arcabas

El tercer domingo de Pascua -en el ciclo A- trae a nuestra mente el encuentro velado de dos discípulos de Jesús, camino de Emaús… Él se les  revelará, ya en la mesa, en su modo de partir el pan y en la entrega e intimidad al hacerlo. No lo dudan, es Él, y se lanzan disparados a comunicarlo a los once.

¡Qué buen catequista el Señor de la Gloria, catequista de su gloriosa resurrección!

En el primer día de la semana, efectivamente, en su día, el domingo (¨dies dominica¨): Sale al paso del miedo de sus acobardados once discípulos, encerrados por temor a los judíos. Y lo hace haciéndoles palpar que es ¨Él mismo¨ (ipse, en latín) pero no idem ¨de la misma manera¨). Y, tenaz en su tarea de catequista por antonomasia, presenta sus llagas al que estuvo ausente, al empedernido Tomás, que cae, rendido y creyente, en un acto de adoración: ¨Señor mío y Dios mío¨. Qué buen catequista, que hace florecer la oración desde las raíces de la duda (Lo hemos contemplamos la semana pasada, en el domingo de la octava de Pascua). Seguir leyendo

Con las puertas abiertas, sin miedos

La Puerta Abierta | Peter Ilsted (1861-1933)

La injusta y absurda ejecución de Jesús fue un mazazo para los discípulos. Se escondieron en una casa conocida. De nuevo están juntos, pero Jesús no está con ellos. Hay un vacío. Les falta Jesús. No se oyen sus palabras llenas de fuego. ¿A quién seguirán ahora? Está anocheciendo en Jerusalén y también en su corazón. Poco a poco, el miedo se va apoderando de todos, pero no le tienen a Jesús para que fortalezca su ánimo. Lo único que les da cierta seguridad es «cerrar las puertas». Nadie piensa en salir a anunciar el reino de Dios y curar vidas. Sin Jesús, ¿cómo van a contagiar su Buena Noticia?

El evangelio de hoy describe la transformación que se produce en los discípulos cuando Jesús, lleno de vida, se hace presente en medio de ellos. Él está de nuevo en el centro de sus seguidores. Así ha de ser para siempre. Con él todo es posible: liberarse del miedo, abrir las puertas y poner en marcha el proyecto del Maestro. Seguir leyendo

La madrugada: la hora del fulgor del corazón

Dream of the Lovers | Marc Chagall | 1962

En la madrugada del primer día de la semana, María la Magdalena va al sepulcro. Aun la oscuridad envuelve el paisaje y, sobre todo, su corazón. ¿Va a ver el sepulcro, a ungir con perfume el cadáver? El cuarto evangelio guarda silencio sobre sus intenciones, pero las deja translucir: no se resigna a la idea de la desaparición de aquel a quien tanto ha amado. Para su sorpresa la losa está quitada, el sepulcro está vacío. «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»

El primer dato de la madrugada del primer día es un cuerpo ausente. Dios nos sustrae la posibilidad de transformar Jesús en un ídolo, en una reliquia que alimentaría nuestra devoción, pero que hipotecaría el futuro a la imitación o la repetición. No somos guardianes de un cadáver ni meros transmisores de una creencia. Es necesario vaciarnos de la banalidad de la representación para despertar en nosotros el deseo del Viviente.
Seguir leyendo

¿Dónde estás, Resucitado?

Pascua | Enrique Mirones | 2017

¿Dónde estás, Resucitado?

En la lluvia y en la flor,
en el gozo y en la pena
y en el beso del amor (…).
¿Dónde estás, suplico, Amigo?

En la noche de la espera,
en el alba de la vida,
en el viento de la sierra,
en la tarde despoblada,
en el sueño que no sueña,
en la niña enamorada,
en el hambre desgarrada
y en el pan para la mesa,
en el hombre que me busca
y en aquel que se me aleja,
en el canto del hogar
y en el llanto de la guerra,
en el gozo compartido
y en la aislada amarga pena (…).
Seguir leyendo