Liturgia de la gracia

A lo largo de toda la Escritura la fuerza de Dios se manifiesta en lo pequeño, en lo marginal, en lo pobre, en lo que apenas cuenta, en una ramita tierna o en un pequeño tocón. «El Señor humilla los árboles altos y ensalza los árboles humildes, seca los árboles lozanos y hace florecer los árboles secos» (Ez 17,24). «El arco de los fuertes se rompe y los débiles se ciñen de valor. Los hartos se contratan en busca de pan y los hambrientos ya no se fatigan. La mujer estéril da a luz siete hijos y la madre de muchos ya no concibe» (1 Sm 2,4-5). «Mi alma glorifica la Señor y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva. (…) Derribó de sus tronos a los poderosos y ensalzó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos los despidió de manos vacías» (Lc 1,47-48.52-53).

Solo en el corazón del pobre hay lugar para Dios. Solo en el corazón del pobre, contemplando su debilidad radical, el poder de la gracia puede finalmente desplegarse. «La semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo» (Mc 4,27). Solo en el corazón del pobre florece la gratitud ante la desmesura del don. El minúsculo grano de mostaza es ahora una fiesta de gratitud abierta a todas las creaturas, donde hasta los pájaros encuentran lugar para cobijarse. ¡Un corazón agradecido es una fiesta para toda la Tierra! Seguir leyendo

Enternecimiento

Antropólogos y arqueólogos nos señalan un hecho singular: cuando nuestros antepasados humanos salían a cosechar frutos, semillas, caza y pesca, no comían individualmente. Recogían los alimentos, los llevaban al grupo y practicaban la comensalidad, esto es: distribuían los alimentos entre ellos y los comían comunitariamente. Esta comensalidad permitió el salto de la animalidad hacia la humanidad. Esa pequeña diferencia hace toda una diferencia.  

Lo que ayer nos hizo humanos, todavía hoy sigue haciéndonos de nuevo humanos. El momento de comer es uno de los más esperados del día y de la noche. Tenemos la conciencia instintiva y refleja de que sin el comer no hay vida ni supervivencia, ni alegría de existir y de coexistir. Consumir comensalmente es comulgar con los que comen con nosotros, comulgar con las energías cósmicas que subyacen a los alimentos, especialmente la fertilidad de la tierra, el sol, los bosques, las aguas y los vientos.

La eucaristía tiene un doble trasfondo: por un lado, la experiencia del Éxodo, donde el pueblo fue alimentado con el maná. Por otro lado, la comida sagrada de los cultos mistéricos, por la que el fiel se unía personalmente con el dios. En la unión de las imágenes del maná y de la carne del cordero pascual, la eucaristía se presenta como alimento de los creyentes y como comunión -a nivel físico- con la misma persona de Jesús. Seguir leyendo

El amor es cosa de tres

Misterio trinitario | Hildegarda de Bingen

A los grandes misterios de nuestra fe, como éste de la Trinidad que hoy celebramos, sin dejar por ello de ser inaprehensibles, podemos aproximarnos a su comprensión y esclarecimiento cuando los confrontamos con las cosas que nos van sucediendo en la vida. Y para ello no es necesario que seamos ni muy inteligentes ni que estemos todo el día dándole a la cabeza. Tenemos que vivir sencillamente como lo que somos, creyentes de a pié, a la altura de nuestra vocación básica, que no es otra que la de vivir como seres humanos.

Cuando vivimos así, lo primero que se nos ofrece para nuestro descubrimiento es que somos relación, es decir, que estamos hechos para la relación con Dios, con los demás y con nosotros mismos. Y cuando en una relación se da la sintonía y la comunión, entonces la llamamos encuentro. Es por esto por lo que podríamos afirmar que estamos en esta vida para aprender el arte de la relación, que es el encuentro. El encuentro con uno mismo, con los demás y con Dios.

Además todo encuentro tiene un enorme potencial para producir el milagro del cambio. En el encuentro con una persona descubrimos quiénes somos realmente y nos ponemos en contacto con nuestro verdadero ser.

Pues bien, salvando las distancias, de la misma manera que cualquiera de nosotros no puede ser comprendido si no es al lado de otras personas y por las relaciones de comunicación que establece con ellas, con Dios pasa un poco lo mismo: aunque no lo formulemos así, para conocer personalmente a Dios es necesario establecer una relación con Él; si no hay relación, no hay conocimiento. Seguir leyendo

El Santo Espíritu de Dios

Hace unos cuantos años, un diario publicó una larga entrevista que le hicieron a un pedagogo inglés. La entrevista comenzaba así: «Un día -dijo el pedagogo- visitando una escuela vi a una niña de seis años concentradísima dibujando, me acerqué a ella y le pregunté: “¿Qué dibujas?” Y me contestó: “La cara de Dios” ¡…! “Nadie sabe cómo es” observé. “Mejor -dijo ella, sin dejar de dibujar-, ahora lo sabrán». Sólo los niños y los místicos dicen estas cosas. Acordaos de los versos de Juan de la Cruz en los que pide a la fuente que formen en sus semblantes plateados los ojos que llevaba en sus entrañas dibujados.

Escuchad: Todo está dentro de nosotros. Se nos educó y se sigue educando en la fe para que busquemos fuera de nosotros a quien vive en las profundidades del ser. Ni cielos ni infiernos tienen respuestas a nuestras preguntas y a nuestras inquietudes, porque la santa presencia de Dios, el amor salvador de Cristo y la comunión del Espíritu Santo están en nuestro santuario interior, no fuera de nosotros. Y, cundo buscamos fuera, perdemos la sensibilidad y no somos capaces de dibujar en nosotros la cara de Dios, solamente hacemos, como dice Martín Buber, monigotes en los que debajo escribimos la palabra Dios.

Todo está dentro de nosotros y debemos de entrar con sumo respeto en nuestro santuario interior en donde el Santo Espíritu nos espera para hacer el milagro de la vida, porque, si hay algo que el Espíritu de Dios desea de nosotros, es que seamos artistas y que escribamos con palabras de gracia y de verdad el amor de Dios que fue puesto en nuestros corazones. Nos pasamos la vida soñando quimeras, obsesionados por llegar a ser no sé qué en la Iglesia, en la política, en la comunidad. Luchamos por dar la medida de una perfección estándar y, mientras tanto, la vida se nos va de las manos entre gemidos y lamentos, y, no son precisamente los gemidos del Espíritu, sino gemidos del que se siente frustrado porque la vida se le va sin sentir la ternura de un beso, el calor de un abrazo profundo, la alegría de sentirse uno mismo y no una caricatura que nos avergüenza interiormente. Se nos va la vida con nuestras secretas ambiciones fracasadas y la dignidad y el prestigio marchitados.
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Dejarse llevar

Día de viento Sur desde mi infancia santanderina. Quizás sea una referencia demasiado personal y no extendible a todo el mundo: pero es el viento de mi vida. El Espíritu sopla como quiere… y toca seguir su vuelo.

Cada uno tendrá que rememorar su experiencia vital con el viento de su vida: la sensación del viento en la cara, en la nuca, en la espalda. Ser empujado, retenido, zarandeado, acariciado, abofeteado, cegado, peinado o despeinado. Viento que nos ha asustado, estimulado, retado, refrescado…

Mi referencia es el Sur que siempre me ha marcado el Norte desde que tengo memoria; y la referencia ha sido tan fuerte que desde muy pronto puedo rastrear su paso por mi historia. Nadie marca el camino del viento, sólo sopla. Ante Él puedes colocarte de frente, de espaldas, de un lado u otro. Unas veces sopla como brisa –las más–, otras algo más fuerte y en pocas ocasiones como huracán. Tan acostumbrados estamos al aire que la mayor parte de las veces ni le notamos y pocas veces le prestamos atención, como no sea que por cualquier motivo, bueno o malo, nos altere. Seguir leyendo

¡Ven, Espíritu divino!

Vigilia de Pentecostés | Monasterio de Sobrado | Sábado, 19 de mayo, 19.30h

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre,
don, en tus dones espléndido,
luz que penetra las almas,
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos. Seguir leyendo

Hago nuevas todas las cosas

Iglesia del Monasterio de Sobrado

Solemnidad de la Ascensión. ¿Añade algo nuevo a la Pascua? Es la Pascua contemplada como “Misión”, “Proclamación”, Anuncio de una Buena Noticia a todo el mundo. Los evangelistas describen con diferentes lenguajes la misión que Jesús confía a sus seguidores. Según Mateo, han de “hacer discípulos” que aprendan a vivir como él les ha enseñado. Según Lucas, han de ser “testigos” de lo que han vivido junto él. Marcos lo resume todo diciendo que han de “proclamar el Evangelio a toda la creación”.

Los que se acercan a nuestras, parroquia, comunidades religiosa, grupos cristianos, etc…, no se encuentran con el Evangelio. Lo que perciben es el funcionamiento de unas prácticas de una religión aparentemente envejecida y con graves signos de crisis. Cuesta identificar con claridad en el interior de esas prácticas la Buena Noticia proveniente del impacto provocado por Jesús hace veintiún siglos. Aunque ahí están, como el fuego bajo las cenizas.

Muchos cristianos no conocen directamente el Evangelio, para algunos, sólo lo que se proclama en la liturgia, o lo que han escuchado al catequista o al predicador de la Novena de los Patrones de la parroquia, es lo que saben de Jesús y su mensaje. Vivimos la  religión privados del contacto personal con el Evangelio, con Jesús. ¿Cómo podremos proclamarlo si lo desconocemos en nuestras propias vidas? Seguir leyendo

Para que vuestra alegría llegue a la plenitud

Farm Garden (det.) | Gustav Klimt | 1905-6

«Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a la plenitud» (Jo 15,11)

Lo específico de la fraternidad cristiana es que está fundada por Jesús –«Uno es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos» (Mt 23,8)- y sigue siendo Jesús quien convoca para integrar una comunidad, donde toma cuerpo su Buena Noticia: que todo en la vida puede ser vivido bajo el signo del amor, como camino de liberación integral para cada ser humano, que se realiza en el paso del yo al nosotros. Y este paso es el contenido fundamental de la conversión (metanoia) que el evangelio propone. La conversión del corazón y la disponibilidad para la relación son una misma realidad. El discípulo de Jesús aprende a amar con su Maestro, no solo por su ejemplo, sino fundamentalmente permaneciendo unido a él como el sarmiento unido a la vid (Cf. Jn 15,4).

El amor es siempre iniciativa de Dios: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él  nos amó y nos envió a su Hijo» (1 Jn 4, 10). Lo que nos convierte el corazón es el amor incondicional de Dios cuando aceptado en nuestra realidad concreta. Pero nos es fácil dejarse amar, nos resistimos, pues la carga de nuestra culpabilidad – tantas veces inconsciente – domina nuestro corazón y nos hace desconfiar del amor. Podemos pasarnos la vida entera hablando del amor, deseando el amor, pero profundamente amargados con la propia vida. Solo el otro, el hermano que Dios pone en nuestro camino, puede ser el instrumento de la gracia, desarmándonos de nuestras técnicas defensivas y ofreciéndonos la posibilidad de tocar nuestra vulnerabilidad. Y el hermano que Dios pone en nuestro camino no suele comportarse como un angelito simpático que se somete a nuestros caprichos. Seguir leyendo

Sin mí no podéis hacer nada

La imagen es sencilla y de gran fuerza expresiva. Jesús es la «vid verdadera», llena de vida; los discípulos son «sarmientos» que viven de la savia que les llega de Jesús; el Padre es el «viñador» que cuida personalmente la viña para que dé fruto abundante. Lo único importante es que se vaya haciendo realidad su proyecto de un mundo más humano y feliz para todos.

La imagen pone de relieve dónde está el problema. Hay sarmientos secos por los que no circula la savia de Jesús. Discípulos que no dan frutos porque no corre por sus venas el Espíritu del Resucitado. Comunidades cristianas que languidecen desconectadas de su persona.

Por eso se hace una afirmación cargada de intensidad: «el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid»: la vida de los discípulos es estéril «si no permanecen» en Jesús. Sus palabras son categóricas: «Sin mí no podéis hacer nada». ¿No se nos está desvelando aquí la verdadera raíz de la crisis de nuestro cristianismo, el factor interno que resquebraja sus cimientos como ningún otro? Seguir leyendo

AMOR DE DIOS

Fotografía Rafael E. Monje de Sobrado

Queridos Hermanos

            Estamos en el cuarto domingo conocido también como el domingo del B.P        Las lecturas que hemos escuchado nos ayudan a medir el amor de Dios por nosotros, amor que no tienen medida, pues siendo Dios se hace hombre y se convierte en el guía que nos conduce hacia Él, a la Vida Eterna. La misericordia y el amor de Dios se materializan, para nuestra comprensión. El evangelio pertenece a una de las páginas más bellas y llenas de esperanza de los escritos del N.T. Nos presenta a Jesús como el Buen Pastor y a  nosotros como ovejas de su rebaño. Pastor que vive para sus ovejas, las cuida, se desvela por ellas. Jesús cumple su misión entre los hombres con la pretensión constante de dar vida, curar, perdonar, terminar crucificado por  ellas para darles vida con su muerte.

            Para Dios somos importantes, somos su manifestación externa y se ocupa personalmente de cada uno de nosotros, incluso cuando nos alejamos de él por el pecado. Ya Ezequiel decía: Dios no quiere la muerte del malvado, sino que se convierta de su conducta y viva. Dios se goza en perdonar, no en condenar. Su misericordia es mucho mayor que todos nuestros pecados por grandes que sean. No guarda rencor, ni nos paga por nuestras culpas, pues el Señor siente como un padre por sus hijos, ternura por sus fieles. (salmo 103). Seguir leyendo