En la escuela de los árboles y de las rocas

De varias regiones del país llegaron al Monasterio de Sobrado el pasado día 8, monjas y monjes, cistercienses, en su mayoría, y algunos benedictinos, todos en etapa de formación, para un curso más del plan de estudios filosófico-teológicos.

Se reúnen todos los semestres en un monasterio de la Orden, donde son impartidas las distintas materias que les ayudan a profundizar en las fuentes de la fe y en el fenómeno humano, ciencias teológicas y ciencias humanas, entrelazadas, en busca de una visión integradora que ilumine su propia experiencia como monjes.

Es un regalo tener en casa tantos hermanos y hermanas, aún jóvenes en su vida monástica, llenos de vitalidad, compartiendo con nosotros sus historias, sus sueños y también sus dificultades. Jóvenes y menos jóvenes somos animados por la misma búsqueda, por el deseo intenso de Vida, compartiendo la misma pasión por la interioridad, y es por eso por lo que con tanta facilidad cantamos los salmos en común, hacemos silencio u organizamos un paseo o una fiesta. Sabemos, sin necesidad de muchas palabras, que compartimos el mismo secreto. Sigue leyendo

Servir es la ley del cristiano

Lavatorio de los pies | Claudio Pastro

Durante la guerra de independencia americana una compañía de soldados, con su capitán al frente, estaba construyendo un fuerte. Mientras los soldados sudaban por levantar el madero que haría de dintel, el capitán miraba con las manos cruzadas.

En la distancia apareció un extraño que cabalgaba hacia el fuerte. Cuando llegó y vio la escena se dirigió al capitán y le dijo: ¿por qué no les echa una mano? “Soy un oficial” fue su respuesta.

El extraño se sumó al grupo de soldados y entre todos colocaron el madero.

Al despedirse le dijo al capitán: la próxima vez que necesite ayuda, llámeme. Mi nombre es George Washington y soy el comandante en jefe del ejército de los Estados Unidos. Sigue leyendo

Exposición sobre el Monasterio

Panel de la exposición (det.)

En el vestíbulo principal del Palacio Provincial de la Diputación de A Coruña se puede visitar una exposición de paneles en los que se “retrata” la evolución del edificio del Monasterio de Sobrado, desde la época en que se encontraba en ruinas pasando por las sucesivas etapas de reconstrucción, todavía no del todo terminada.

La Sección de Turismo de la Diputación, en colaboración con el Servicio de Arquitectura y Mantenimiento, organiza esta exposición con el objetivo de dar a conocer la Historia, valores, recursos turísticos y la reconstrucción de un monasterio singular en la Provincia.

Se han tratado de reflejar aspectos históricos de los inicios y la evolución del monasterio. También el papel  de éste como elemento dinamizador del turismo de la comarca: Sobrado, Melide, Vilasantar, Toques, etc… Sigue leyendo

La alegría de la libertad interior

El ser rico o el ser pobre no nos asegura nada con respecto a la salvación que es un don gratuito de Dios a la humanidad en Cristo Jesús. Entonces, ¿de qué nos habla el Evangelio de hoy?

Dice Thomas Merton en uno de sus diarios que, «el monje no es o no puede ser materialmente pobre». Y no tenemos más que ver nuestros monasterios, de pobres nada. Estas palabras de Merton nos llevan al centro del mensaje que encierra el texto evangélico, y el breve texto de la Carta a los Hebreos nos pone en la pista de arranque, a mi modo de ver, para comprender el mensaje que se nos da hoy: «Viva es la Palabra de Dios y eficaz, y más cortante que espada alguna de dos filos. Penetra hasta la división entre alma y espíritu, articulaciones y médulas; y discierne sentimientos y pensamientos del corazón. No hay criatura invisible para ella: todo está desnudo y patente a los ojos de Aquel a quien hemos de dar cuentas» (Hb 4, 12-13).

Es en el corazón del hombre donde tiene que nacer la necesidad de reorientar la vida. Para ser discípulo se necesita algo más que la renuncia a los bienes materiales. Es el corazón pobre y humilde el que ansía vivir en sintonía con la Palabra de Dios, porque cuando la riqueza y la pobreza evangélica ponen su morada en el corazón del creyente, ni la riqueza ni la pobreza material son un estorbo en el seguimiento del Maestro, porque hay una libertad y un desprendimiento interior de todo lo que es perecedero y caduco, que es lo que nos capacita para ser discípulos del Reino y anunciadores de su PAZ y su JUSTICIA. Sigue leyendo

La noche, la Fuente y la sed

Un poema de Luis Rosales (1910-1992) de inspiración sanjuanista dice así:

De noche, iremos, de noche
que para encontrar la Fuente
sólo la sed nos alumbra.

De noche

A Dios, por lo general, acudimos cuando en nuestra vida es de noche, es decir, cuando comprendemos que le necesitamos. Cuando es de día, en cambio, son tantas las luces que nos deslumbran que es fácil olvidarse de su Luz.

Al igual que al final de cualquier túnel, por largo y oscuro que sea, hay siempre una luz, en el más profundo centro de nuestras noches brilla siempre una llama. Esa llama es Dios, que nos espera en el corazón de nuestras tinieblas. La invitación, por tanto, no es a huir de la oscuridad, que es lo que normalmente hacemos, sino entrar en ella.

Nuestra noche oscura particular puede ser ahora un vicio no erradicado, una pasión desordenada, un pacto con la mediocridad, un problema económico o familiar grave, una crisis de pareja, un miedo de apariencia insuperable… Sea cual sea nuestra noche actual, Dios está ahí para nosotros. Esta es la convicción cristiana más radical. Sigue leyendo

Habitar el mundo con amor

Hermitage | Joan Miró | 1924

Derramaré mi espíritu sobre toda carne. Vuestros hijos e hijas profetizarán, vuestros ancianos tendrán sueños, y vuestros jóvenes, visiones. (Jl 3,1).

El Espíritu de Dios está por doquier, no es propiedad particular de nadie ni de ningún grupo o religión. Toda la carne es morada del Espíritu. La profecía de Joel es anticipo del Pentecostés: la efusión del Espíritu sobre todos los pueblos de todas las razas y lenguas. La comunidad cristiana nació para la universalidad, tiene por naturaleza una identidad abierta. Nació del Espíritu y el Espíritu no tiene fronteras. Cada uno de nosotros está llamado a aprender, una y otra vez, a seguir el viento, que no se sabe de dónde viene ni a dónde va, porque seguirlo es condición para nacer de nuevo. El Hombre nuevo es consciente de que es habitado por el Espíritu, que está generando en sí el Cristo interior, el Hombre manso y humilde de corazón, el hermano universal.

Vivimos tiempos donde palpamos muchas divisiones y fracturas, tiempos en los que se refuerzan fronteras y se proponen identidades cerradas. Estamos llamados a aceptar con compasión nuestras divisiones interiores, nuestras sombras, nuestras contradicciones para que no las proyectemos sobre los demás bajo la forma de rechazo, de odio, de miedo o de indiferencia. No basta que tengamos ideas claras y generosas, no basta entrar en la discusión ideológica. Nuestras palabras serán vacías si no van acompañadas del silencio; silencio que es apertura y escucha para acoger en el propio dolor el dolor del mundo y la brisa suave y sanadora que es el Espíritu de Dios. Silencio y soledad. Habitarse a sí mismo para habitar el mundo con amor. Sigue leyendo

Una nueva inocencia

Cristo y los niños (det.) | Emil Nolde | 1910

El que acoge a un niño en mi nombre me acoge a mí. Lo que caracteriza a un niño es su inocencia. Quien acoge a un niño acoge su inocencia. Los niños no tienen resistencias, están abiertos al asombro, a todo lo que ocurre, porque no tienen prejuicios. ¿Quiere decir eso que tenemos que recuperar la inocencia que teníamos cuando éramos niños? Sabemos que eso no puede ser, pero si ello fuese posible, supondría una vuelta atrás. Los Padres de la Iglesia dicen que Adán perdió la inocencia del paraíso y que el hombre nuevo tiene que adquirir una nueva inocencia. 

Tanto la inocencia de Adán y Eva en el Paraíso como la del niño cuando todavía no razonaba, les permitía tener una visión global de todo. Cuando perdemos esta primera inocencia al abandonar la niñez, “somos expulsados del paraíso” y lanzados a la existencia con la conciencia de lo mío y de lo tuyo.

La condición humana es la condición de la inocencia perdida, y sería un error pensar en volver a la primera inocencia, a la condición paradisíaca. Por eso, en el relato del Génesis podemos ver que Dios fue mucho más misericordioso de lo que nos imaginamos al poner en la puerta del paraíso a los querubines con espadas de fuego con el fin de impedir al hombre ceder a su mayor tentación: la de querer retornar a la ignorancia y negarse a proseguir el proceso que conduce a la humanidad nueva. Sigue leyendo

Quien pierde con Cristo, gana

Forgiven | Thomas Blackshear

El destino de Jesús, cuando toma la decisión de subir a Jerusalén no lo podemos leer como un destino cruel impuesto por Dios. La decisión de Jesús nace de una obediencia y de una fidelidad a la Palabra, era, como en todos los profetas, un fuego ardiente que lo quemaba por dentro, y ese fuego sólo se podía apagar traicionándose a sí mismo, al proyecto del Reino, a los hombres y a Dios. Jesús no va a apagar ese fuego porque mantener viva la llama de la fidelidad es un duro trabajo que a veces cuesta lágrimas de sangre. El vino a traer fuego a la tierra y deseaba que ese fuegos hubiese prendido (Lc 12, 49).

Jesús trata de explicar a sus discípulos, a los discípulos de todos los tempos, que el seguimiento de su persona y el compromiso con los valores del Reino, va a estrellarse frontalmente con los estamentos políticos y religiosos que hacen del poder y de la religión un modo de dominar y esclavizar al pueblo, tal como sucedía en su tiempo y, de muchas maneras, se prolonga a lo largo de la historia. Por eso Jesús no quiso que sus discípulos se quedasen con la confesión triunfalista de Pedro: «Tú eres el Mesías el Hijo de Dios vivo», porque el triunfalismo nos lleva por mal camino. Hay una segunda cara de la moneda y, es que, confesar a Jesús como Mesías e Hijo de Dios vivo, tiene por fuerza que llevarnos por el camino de la cruz. Sigue leyendo

Effetá: Ábrete

Estamos en los versículos que van del 31 al 37 del capítulo séptimo de Marcos. El narrador nos dice que Jesús parte del territorio de Tiro y pasa por Sidón para dirigirse al lado oriental del lago de Galilea, lago de su predicación, atravesando los montes de la Decápolis. Estamos en zona pagana. Va, pues, de una zona que no considera propiamente su auditorio a otra a la que se considera enviado primeramente porque son de hijos de Israel.          

En este su viaje de retorno al lago, Jesús no oculta la simpatía que le ha despertado gente como la sirofenicia. Ella insiste esperanzada, al igual que el perrillo doméstico aguardando las migajas que dejen caer los niños de la mesa familiar.  Y así es como arranca tenazmente la morosa curación. Jesús, en el colmo de su asombro, llega a decirle Grande es tu fe, mujer.  Vete que tu hija ha sido curada. Por eso le ha dado el pan de los hijos, la ha tratado como a hija de Israel: Ha quedado agraciada con la tan deseada curación, que comprueba apenas llegar a casa.

Tampoco oculta, por contraste, la reprochable conducta de ciudades del lago de su ministerio, Corozaín, Betsaida: Porque si en Tiro y en Sidón, se hubieran hecho las cosas realizadas en vosotras, hace rato que se habrían convertido. Sigue leyendo

El corazón de Dios

Cédula de Profesión de Rafa (det.)

El cuento trata de un difunto. Ánima bendita camino del cielo donde esperaba encontrarse con Tata Dios para el juicio sin trampas y a verdad desnuda. Y no era para menos, porque en la conciencia a más de llevar muchas cosas negras, tenía muy pocas positivas para hacer valer. Buscaba ansiosamente aquellos recuerdos de buenas acciones que había hecho en sus largos años de usurero. Había encontrado en los bolsillos del alma unos pocos recibos: “que Dios se lo pague”, medio arrugados y amarillentos por lo viejo. Fuera de eso, bien poco más. Pertenecía a los ladrones de levita y galera, de quienes comentó un poeta: “No dijo malas palabras, ni realizó cosas buenas”. Parece que en el cielo las primeras se perdonan y las segundas se exigen. Todo esto lo veía clarito. Pero ya era tarde. La cercanía del juicio de Tata Dios lo tenía a muy mal traer.

Se acercó despacito a la entrada principal, y se extrañó mucho al ver que allí no había que hacer fila. O bien no había demasiados clientes o quizás los trámites se realizaban sin complicaciones.

Quedó realmente desconcertado cuando se percató no sólo de que no se hacía fila sino que las puertas estaban abiertas de par en par, y además no había nadie para vigilarlas. Golpeó las manos y gritó el Ave María Purísima. Pero nadie le respondió. Miró hacia adentro, y quedó maravillado de la cantidad de cosas lindas que se distinguían. Pero no vio a ninguno. Ni ángel, ni santo, ni nada que se le pareciera. Se animó un poco más y la curiosidad lo llevó a cruzar el umbral de las puertas celestiales. Y nada. Se encontró perfectamente dentro del paraíso sin que nadie se lo impidiera.
– ¡Caramba -se dijo- parece que aquí deben ser todos gente honrada! ¡Mira que dejar todo abierto y sin guardia que vigile!
Poco a poco fue perdiendo el miedo, y fascinado por lo que veía se fue adentrando por los patios de la Gloria. Realmente una preciosura. Era para pasarse allí una eternidad mirando, porque a cada momento uno descubría realidades asombrosas y bellas.
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