Una nueva inocencia

Escultura de Jon Helip

El que acoge a un niño en mi nombre me acoge a mí; si no volvéis a ser como niños no entrareis en el reino de los cielos. ¿Qué es volver a ser como niños? Lo que caracteriza a un niño es su inocencia. ¿Quiere decir eso que tenemos que recuperar la inocencia que teníamos cuando éramos niños? Sabemos que eso no puede ser, pero si ello fuese posible, supondría una regresión. Los Padres de la Iglesia dicen que Adán perdió la inocencia del paraíso y que el hombre nuevo tiene que adquirir una nueva inocencia. 

Tanto la inocencia de Adán y Eva en el Paraíso como la del niño cuando todavía no razonaba, les permitía tener una visión global de todo, donde el bien y mal no estaban separados y definidos. Esa inocencia se pierde al comer del árbol del conocimiento del bien y del mal; es el conocimiento que discrimina entre bien y mal, verdadero o falso, siempre de acuerdo a las normas culturales, sociales, históricas y las circunstancias de la vida. Sigue leyendo

Quien pierde con Cristo, gana

Cruz del Oratorio del Monasterio de Sobrado (det.) | Icono pintado por Xaime Lamas, monje de Sobrado

Somos hijos de nuestras contradicciones y el relato evangélico que se nos proclamó es la prueba de que a lo largo de la historia comprobamos que no es lo mismo creer en dogmas que vivir una fe que compromete la vida. Creer no es solo principalmente la adhesión a un credo religioso, sino aceptar una fe que compromete la vida al servicio de las personas. No basta una fe proclamada con palabras, tienen que ser la vida y las obras las que autentifican la fe. Para creer y confesar a Jesús, como Mesías e hijo de Dios, es necesario creer en el amor y la justicia, y vale más creer en estas cosas que pronunciar su nombre sin que haya un compromiso con su vida y su obra, porque fuera del amor y la justicia es imposible ser discípulo de Cristo y menos hacerlo creíble en el mundo.

La pregunta que Jesús les hizo a sus discípulos en Cesarea de Filipo: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?», es la misma pregunta que nos pueden hacer a nosotros: «¿Quién es Jesús para vosotros?». Y cuando nos hacen esa pregunta, es el mismo Jesús quien nos la hace a través del que nos pregunta. Y, mirad, el Credo no es la respuesta esperada por la gente. Nuestra respuesta  tiene que ser dada desde una vivencia y experiencia personal con obras que autentifiquen nuestra fe. No vale decir que Él es el Mesías, el Hijo de Dios bendito, porque eso lo hizo Pedro desde una comprensión equivocada y egoísta  del mesianismo de Jesús y le valió una de las reprimendas más duras que hizo Jesús. Sigue leyendo

En el colmo del asombro

Fotografía de Filipe Condado

EN EL COLMO DEL ASOMBRO
Mc 7, 31-37

TODO LO HA HECHO BIEN

1.
Jesús ha subido de la región de Tiro hasta Sidón pasando por la ya cercana Sarepta, que le habrá evocado, sin duda, al profeta Elías y la viuda aquella, acongojada y buena, que atendiera tan bien al eximio profeta.

Se ha adentrado hacia el este para descender al lado oriental del lago de Genesaret. Hace, pues, una gira por zona pagana.

Baja con el buen sabor de boca que le ha dejado la actitud -insistente y eficaz- de la sirofenicia, cuya hija queda finalmente curada: sanación otorgada como hermoso broche de oro a la probada fe de la madre: Mujer, ¡grande es tu fe!

Camino de la Decápolis, tiene el gusto de ver que la fe no es prerrogativa exclusiva de los ¨hijos de casa¨ (la Casa de Israel), sino una fe llamativa e incluso superior en estos ¨atentos cachorrillos¨, con el ojo avizor a eventuales migajas que dejen caer los niños de casa. Sigue leyendo

Ataduras

Obra de Piet Mondrian | 1942

Había una vez un monasterio en el que se respetaba el silencio escrupulosamente. Pero cada día, justo a las seis de la tarde, cuando los monjes iniciaban el rezo de Vísperas, aparecía un gato por la puerta de la iglesia, maullando fuertemente.
Ante la insistencia e intensidad de los maullidos, el abad tomó una decisión: pidió a un hermano que, de seis a siete de la tarde, atara al gato en un pilar que había a la entrada del monasterio, lejos de la capilla donde ellos rezaban. Y así lo hacía el hermano cada tarde.
Pero pasó el tiempo. El abad falleció y vino a sustituirle un monje de otro convento lejano, que pronto advirtió lo que cada tarde se hacía con el gato.
Meses después falleció el gato. Inmediatamente, el nuevo abad llamó al hermano y le dijo: “Compre cuanto antes otro gato para atarlo cada tarde de seis a siete en la columna de la entrada”. Sigue leyendo

El clavo que se convierte en llave

Clavos | Iglesia de Herz Jesu (Sagrado Corazón de Jesús), en Múnich | Alexander Beleschenko | 2000

Hoy hemos escuchado la parte final del capítulo sexto del evangelio de Juan, una larga catequesis sobre el Pan de vida. Al inicio del capítulo, Jesús se encuentra con una multitud de hambrientos, de los cuales solo los hombres eran unos cinco mil. Lo seguía mucha gente. Ante la multiplicación de los panes y de los peces, dicen: este hombre tiene que ser el profeta que debía venir al mundo. Pretendían proclamarlo rey… pero se retiró de nuevo al monte, él solo. Jesús no se deja capturar por la expectativa de la multitud.

A lo largo del capítulo esta multitud va despareciendo escandalizada con las palabras de Jesús. El entusiasmo y la idealización van dando lugar a la desilusión. Decían: Este es Jesús, el hijo de José. Conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo se atreve a decir que ha bajado del cielo? (…) ¿Cómo puede este darnos a comer su carne? (…) Esta doctrina es inadmisible. ¿Quién puede aceptarla? (…) Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. En la última parte del capítulo Jesús se encuentra frente a los doce –sí, quedaron solo los doce– y les pregunta: ¿También vosotros queréis marcharos? Sigue leyendo

San Bernardo

Fotografía de Lucy Wainewright

San Bernardo hizo de la Sabiduría su ideal de vida, su camino de seguimiento, lo cual le condujo a la libertad de corazón, que es la última estación del hombre sabio y prudente. Me gustaría que, en este día de su fiesta, Bernardo, nos hable de su verdad, y quizás sea ésta la mejor forma de entrar en contacto con él, y de que su existencia vivida desde la fe, nos hable a la interioridad de la nuestra.

Bernardo nos enseña que se puede ser un hombre de Dios sin dejar de ser hombre. En él no puede entenderse la experiencia profunda del hombre desligada del Misterio de la Palabra. La luz de la Palabra es, tanto para él como para nosotros, como una espada de doble filo que, por una parte, descubre nuestro auténtico rostro -herido y pecador-, y por otra, va trasformando por la fe todas las obras en luz, hasta despertar a la Palabra revelada, asentada en el fondo del corazón como en su trono. Y es que la Palabra de Dios hace audible toda la infinitud interna de la vida del hombre. Sigue leyendo

Asunción de Santa María

Asunción | Fachada de la Iglesia del Monasterio

Celebramos hoy la fiesta de lo pequeño, de lo humilde, de lo que no cuenta. La fiesta de los que pasan desapercibidos, de los que no tienen ningún protagonismo sobre el curso de los acontecimientos, ni constan en los anales de la historia. Fiesta de reconocimiento de todos aquellos que sostienen el mundo desde el silencio, y abren nuevos horizontes desde el anonimato. Hoy es fiesta para todos nosotros; hoy es nuestra fiesta. Es la fiesta del corazón y de las entrañas, de todo aquello que nos proporciona calor y acogida. Fiesta hogareña por su intimidad familiar, y universal por su comprensión unánime.

En este día se esclarecen atributos de esta humanidad nueva de la que participamos y que pertenece ya al ámbito de lo divino. Por ejemplo, la virginidad en María no es una técnica de sometimiento de los impulsos del cuerpo para poder ascender a la divinidad. Ni se percibe en ella, ningún heroísmo exigido por la virginidad. No es una virtud moral: María vive en la pura fe en Dios, despojada de toda autoafirmación, entregada y abandonada a los designios del Misterio. Su virginidad tampoco tiene ningún carácter cultual como en las vírgenes vestales. No se trata de ningún ‘comercio’ para conquistar la benevolencia de Dios. La virginidad está emparentada con el abajamiento: es despojo de toda ambición, es pequeñez, es deficiencia delante de los hombres. No supone ningún valor ante la sociedad ni ante la religión. María hizo de esta situación de ‘bajeza’, camino de humildad, de sereno abandono y de confianza ilimitada en Dios. No pretende nada. Lo único que hace es situarse en total disponibilidad, y esto fue lo que le permitió a Dios nacer en María. Sigue leyendo

Todas mis fuentes están en Ti

Fuente del claustro de la comunidad

Algo parecido a los judíos, que murmuraban sobre Jesús, el pan bajado del cielo, puede pasarnos a nosotros, si, con la mejor voluntad, conservamos celosamente nuestra fe en pergaminos y mantenemos ‘medio muerta’ la esperanza con respecto a la revelación de Dios. Sin mala voluntad, podemos haber pactado con una blasfemia mucho más peligrosa, en este momento, que cualquier otra blasfemia: que ninguna novedad cabría ya esperar de Dios.

El contacto personal con el Dios de la vida, de la vida abundante, nos invita a dejar atrás los caminos ya frecuentados, para aventurarnos por uno absolutamente desconocido y lleno de incógnitas. La vida es una pasión, una aventura, un riesgo, un itinerario a recorrer con los ojos y los oídos abiertos y en el que la única brújula que guía a la meta es la de la compasión y la ternura. Sigue leyendo

Tener el corazón abierto a la Palabra que nos da libertad

Durante cuatro domingos vamos a reflexionar en el largo capítulo sexto de San Juan sobre el discurso del “Pan de Vida” que pronunció Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm.

En el ritmo ascendente que va teniendo el discurso, vemos cómo Jesús va llevando a la gente que escucha, de la búsqueda de un alimento material que resuelva el problema de trabajar para poder comer, a un alimento que compromete la vida de la gente con su persona, con su pasión por el Reino, con su sentido de la justicia y de igualdad entre las personas, con la presencia de un Dios que no habita en templos construidos por manos de hombres, sino que se manifiesta en su Vida y en sus Obras. Sigue leyendo