Santos Fundadores

Desierto – Oración | Enrique Mirones, monje de Sobrado | 1999

Hoy, las comunidades cistercienses celebramos nuestros santos fundadores: Roberto, Alberico y Esteban. 

Los monjes tenemos ya una larga historia. Nuestras raíces se hunden en el Evangelio de Jesús de Nazaret. Él es referencia obligada porque sólo Él tiene Palabras de Vida Eterna. Toda reflexión sobre la vida monástica que no le tenga a Él como esa referencia explícita está llamada al fracaso. Como pequeña semilla, la vida de los monjes siempre ha ido creciendo en las fecundas tierras de la humildad y del ocultamiento. Los fundadores del Nuevo Monasterio querían una vida sencilla, una vida simple con el Dios Simplicísimo, porque percibieron que en una vida así residía la felicidad.

La sencillez huye de nuestras vidas fácilmente, cuando ser sencillo sería la forma natural de ser. Es debido a la desemejanza en la que nos encontramos, arrojados del hogar, alejados de nuestra patria en el país de la complejidad. Amamos la simplicidad porque sufrimos al ser víctimas de nuestra complejidad y de la facilidad con la que complicamos lo que tocamos. No podemos llevar una vida sencilla, mientras no solucionemos nuestra complejidad. Y no podemos solucionar lo complicados que somos como se hace una poda, porque así no vamos nunca a la raíz. Sigue leyendo

La Luz del Sol que nace de lo Alto

Torres de la iglesia del Monasterio de Sobrado

En el evangelio de hoy se nos narra cómo ve Juan el Bautista el acontecimiento del Bautismo de Jesús, que festejábamos el domingo anterior.

Los evangelios nos pintan a Jesús sintiéndose cómodo entre las gentes sin raíces ni identidad, entre los que viven en las fronteras. Se solidariza con los pecadores, hace causa común con ellos, se mezcla en sus reuniones, se somete a sus ritos de iniciación, se agrega a su comunidad. Jesús vino sencillamente a vivir una vida humana, para amar en todas las condiciones en que nosotros no sabemos amar: en el sufrimiento, en la injusticia, en la marginación, en la humillación. Sigue leyendo

Como uno de tantos

Bautismo de Jesús (det.) | El Greco

Ante la persona de Jesús de Nazaret tenemos que dar un salto de treinta años en la historia de su vida que quedan escondidos en el silencio y misterio de su infancia y juventud de las que no sabemos absolutamente nada, y si algo se nos dijo de su infancia, es muy difícil separar lo que es histórico, tradición y leyenda. Treinta años de silencio, pero no estériles ni vacíos.

El comienzo de la vida pública de Jesús de Nazaret no es una hora cero, sino que es la explosión de una fecundidad gestada en una profunda reflexión de la vida, de su entorno vital, familiar y religioso; con el fascinante descubrimiento de un Dios que se le revela distinto, nuevo, próximo, Padre. Treinta años de silencio que lo llevan a romper con las cadenas de bronce, con los cerrojos de hierro, con las tinieblas interiores de una sociedad completamente esclavizada y esclavizante. Treinta años observando que la familia, el clan y la sinagoga, la Ley y el Templo, y la imagen del Dios de Israel, eran losas pesadas y opresoras en la conciencia del pueblo. Ritualismos mágicos, prescripciones humanas, sagrado y profano, puro e impuro llenaban la vida de las gente, tanto la privada como la comunitaria. Sigue leyendo

El camino de la libertad y de la provisionalidad

Adoración de los Magos | Códice de Egberto | s. X

Hoy, el niño nacido en un establo de Belén se ha manifestado esplendorosamente a todos los pueblos como el Cristo.

Hace ya mucho tiempo, desde Oriente, siguiendo una estrella, vinieron unos Magos a Belén para adorar al recién nacido, Rey de los Judíos; encontraron al Niño con María, su madre y, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, como a rey soberano; incienso como a Dios verdadero; y mirra, como homenaje al que siendo Señor entregará la propia vida por amor a sus hermanos. Su constancia en la búsqueda, el reconocimien­to de su ignorancia y la apertura para recibir indicaciones sobre el acontecimiento profetizado, colmaron sus expecta­ti­vas.

La primera de las lecturas que hemos escuchado, nos hablaba de un Israel hundido en la soledad y en la oscuri­dad del desengaño, pero que se anima con la esperanza de una luz que habrá de surgir e iluminar al mundo ente­ro: ¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!… Sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti. Sigue leyendo

Dios nos ha hablado en Cristo

Giovanni Benedetto Castiglione | La Natividad con la representación de Dios Padre | 1650-60

La principal causa por la cual en la ley antigua eran lícitas las preguntas que se hacían a Dios, y convenía que los profetas y sacerdotes quisiesen visiones y revelaciones de Dios, era porque entonces no estaba aún fundada la fe ni establecida la ley evangélica; y así, era menester que preguntasen a Dios y que Él hablase, ahora por palabras, ahora por visiones y revelaciones, ahora en figuras y semejanzas, ahora en otras muchas maneras de significaciones. Porque todo lo que respondía y hablaba y obraba y revelaba eran misterios de nuestra fe y cosas tocantes a ella o enderezadas a ella. Pero ya que está fundada la fe en Cristo y manifiesta la ley evangélica en esta era de gracia, no hay para qué preguntarle de aquella manera, ni para que Él hable ya ni responda como entonces.

Porque en darnos, como nos dio, a su Hijo –que es una Palabra suya, que no tiene otra-, todo nos lo habló junto y de una vez en toda esta sola Palabra, y no tiene más que hablar.
Sigue leyendo

La vida es vida, vívela

Madre e hijo | Cecil Howard | 1918

¡Feliz Año Nuevo!

Tres acontecimientos importantes se dan cita hoy en nuestra celebración: la solemnidad de Santa María Madre de Dios, el comienzo de un nuevo año y la jornada internacional de la paz.
Os propongo tres textos, para que más que pensar en un tiempo nuevo, no olvidemos que lo importante y decisivo es que cada uno de nosotros sea nuevo.

No abandones tus ansias de hacer de tu vida algo extraordinario. No dejes de creer que las palabras, la risa y la poesía sí pueden cambiar el mundo. Somos seres, humanos, llenos de pasión.
No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el derecho de expresarte que es casi un deber.
La vida, es desierto y también es oasis. Nos derriba, nos lastima, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia. Pero no dejes nunca de soñar, porque sólo a través de sus sueños puede ser libre el hombre.
No caigas en el peor error, el silencio. La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes. No traiciones tus creencias. Todos necesitamos aceptación, pero no podemos remar en contra de nosotros mismos. Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta el pánico que provoca tener la vida por delante. Vívela intensamente, sin mediocridades. Piensa que en ti está el futuro y en enfrentar tu tarea con orgullo, impulso y sin miedo. Aprende de quienes pueden enseñarte.
No dejes que termine sin haber crecido un poco, sin haber sido un poco más feliz, sin haber alimentado tus sueños. No permitas que la vida te pase por encima sin que la vivas… (Walt Whitman) Sigue leyendo

Una infancia aún por vivir

Madeleine au bonnet rouge | Maurice Denis | 1915-17

Seguimos celebrando la Navidad, llamados a contemplar el acontecer del Verbo hecho carne en nuestra propia historia. Cada una de nuestras vidas es lugar de la revelación de Dios, sin ninguna condición previa, tan solo porque existimos. Dicho de esta forma parece poco creíble, pues si nuestra vida es el lugar, por excelencia, de la manifestación de Dios, ¿por qué, tan a menudo, vivimos insatisfechos, alimentando la nostalgia de una vida distinta? Esa nostalgia la sentimos porque nos pasamos demasiado tiempo “fuera de casa”, instalados en una espesa capa de sueños, de objetivos, de memorias… todo un mundo de pensamientos, de imaginaciones, que nos distraen de mirar al tesoro que llevamos dentro.

Al decir “fuera de casa”, digo fuera de nuestro corazón, de nuestra realidad más profunda, de lo que efectivamente somos y no de lo que nos gustaría ser. Podemos preguntarnos: ¿por qué lo que somos no nos gusta suficientemente? ¿Por qué deseamos otra cosa? A lo largo de la vida, a causa del rechazo que muchas veces hemos sentido por habernos manifestado espontáneamente, fuimos creando inconscientemente imágenes falsas sobre nosotros mismos, con el deseo de captar la aprobación y el afecto de los demás. La censura de los demás se ha transformado en un sistema de auto-censura implacable. Cuando nos damos cuenta de esta ilusoria y sufrida construcción, nos cuesta volver a casa y enfrentarnos con toda esa realidad que asociamos al desamor, aunque se trate efectivamente de nuestro más bello tesoro. Es ahí que Dios hecho carne en nuestra carne nos espera, en nuestra casa, en nuestra más concreta y original realidad. La Navidad viene a decirnos que todos llevamos dentro una infancia aún por vivir y a la cual no podemos renunciar. El Niño, también el niño que llevamos dentro, es el Príncipe de la paz.   Sigue leyendo

Día de Navidad

Si la noche que terminaba hace apenas unas horas nos revelaba el nacimiento del Salvador, esta mañana nos debe permitir profundizar en esa gran noticia, la más extraordinaria jamás oída: el Hijo Unigénito de Dios, nos ha hecho sus hermanos y llama incansablemente a todos los hombres. Un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. Lleva sobre su hombro la insignia del poder y es llamado mensajero del Dios. (Isaías 9,5) Fíjense que el profeta usa el plural, un plural que saltará a lo largo de los siglos hasta el mismísimo fin del mundo, cuando el Hijo ese Hijo nos conduzca a todos al Padre, a nuestro Padre el Padre de toda la creación.

Ya la preciosa oración colecta, o de entrada, que acabamos de oír nos vuelve a hablar de nuevo de esa dignidad participada con la divinidad de Cristo, ya que él ha querido tomar nuestra humanidad y las dos naturalezas divina y humana se asientan en una persona. Y esa y no otra es la gran noticia que hoy nos gozamos en recordar y por la que damos gloria y alabanza a Dios. Sigue leyendo

Dios en nosotros

El sueño de José | Arcabas

La Palabra de Dios en este domingo, IV de Adviento, se puede resumir en una palabra hebrea: «Emmanuel», que quiere decir «Dios con nosotros». Conocido bajo este nombre por los profetas, Dios es prometido a la Virgen María.

El rey Acaz está inquieto ante la progresión de los ejércitos enemigos en su territorio. También lo está por la situación interior de su pueblo, descontento éste y cansado por los desórdenes de los Reyes de la dinastía de David. ¿Qué hacer ante esta situación desesperada? Rechaza acudir a la protección del Señor e invoca en cambio al poderoso rey de Asiria. Comienza así la escalada de violencia que llevará a la pérdida del reino de David. Pero Dios no se cansa. Intervendrá de una manera desconcertante a través de ese hijo real al que llamarán «Emmanuel, Dios con nosotros». Con nosotros sí, pero no con nuestro ejércitos. El signo será la joven encinta que da a luz a un hijo que será alimentado con cuajada y miel y sabrá rechazar el mal y escoger el bien.

Esto nos lleva a un par de preguntas: ¿Cómo es nuestra confianza en Dios? ¿Aceptamos que su acción nos desconcierte y oramos para que se haga su voluntad y no la nuestra? El niño pobre y desarmado que esperamos en Navidad nos enseña que los medios que emplea no son los nuestros ¿Somos conscientes de que solo los que se hacen pequeños como el niño Dios, solo ellos, entraran en el reino de los cielos? Sigue leyendo