CONVERTIRSE HACE BIEN

Fotografía Rafael E. Monje de Sobrado

Convertíos y creed la Buena Noticia.

La llamada a la conversión evoca casi siempre en nosotros el recuerdo del esfuerzo exigente y el desgarrón propio de todo trabajo de renovación y purificación. Sin embargo, las palabras de Jesús: «Convertíos y creed en la Buena Noticia», nos invitan a descubrir la conversión como paso a una vida más plena y gratificante.

El evangelio de Jesús nos viene a decir algo que nunca hemos de olvidar: «Es bueno convertirse. Nos hace bien. Nos permite experimentar un modo nuevo de vivir, más sano, más gozoso». Alguno se preguntará: Pero, ¿cómo vivir esa experiencia?, ¿qué pasos dar? Seguir leyendo

SIMPLEMENTE SER…

Fotografía Rafael E. Monje de Sobrado

Un año más llegamos a este tiempo eclesial de la Cuaresma motivados por el anhelo de ponernos en camino, fieles a la pasión de nuestra vida que es Jesús. Este anhelo de conversión lo expresamos con buenos deseos y buenos propósitos, porque no queremos continuar en la mediocridad, siempre a merced de nuestras propias voluntades. Queremos ser enteramente del Señor, porque hemos descubierto, intuimos y sabemos que sólo Jesús es nuestra Paz y nuestra Salvación.

Podríamos expresar de muchas y diversas formas lo que significa la metanoia. Una de ellas podría ser la siguiente: Ese estado personal en el cual, por fin, ya no soy yo el centro del universo -mi vida, personal, concreta deja de ser el centro del universo-, sino que el centro es real y verdaderamente Jesús. Por eso, mi propuesta para este tiempo de Cuaresma es comenzarla poniendo a Jesús en el centro de mi vida, ya, ahora, en la situación actual en la que me encuentro, y hacerlo incluso antes de proponernos seguir la senda que nos marcan nuestros buenos deseos y propósitos para conseguir ser enteramente del Señor. Seguir leyendo

SI QUIERES, PUEDES LIMPIARME…

Presencia | Fotografía Rafael E. Monje de Sobrado

            

         De siempre la lepra ha sido una enfermedad penosa y más aún, antes, cuando la ley judaica impedía a los leprosos acercarse a las ciudades y pueblos, para no contagiar a los ciudadanos sanos. Jesús sin embargo no duda en tocar al enfermo y curarle,  en un gesto llenos de misericordia. El verbo usado para “tocar” suponía un contacto prolongado, no un simple toque.

            En el antiguo Israel la lepra no solo era dicha enfermedad, sino que comprendía toda una serie de enfermedades de la piel, tales como los eccemas, hinchazones, manchas sospechosas, forúnculos, tumoraciones, psoriasis, impétigo etc. Lo curioso era que al igual que otras enfermedades estaban asociada a pecados cometidos. Enfermedad penosa y vergonzosa por ser como digo, prueba de desarreglo moral. La gravedad de la enfermedad, su posible contagio y la apreciación moral de la misma hacía que los afectados tuviesen que vivir fuera de las poblaciones y había que evitar así mismo todo acercamiento, so pena de quedar impuro el sano. El pueblo que había sido elegido por Dios tenía que guardarse puro, como su padre celestial. Por estas razones el sacerdote era el encargado de denunciar, alejar, curar y certificar la sanación de dichos enfermos. Todo ello con pingües  ingresos y sacrificios a ofrecer. Seguir leyendo

Vibrar con el otro

Curación de la suegra de Pedro | Fresco bizantino en la ciudad de Mistra (Grecia)

El Evangelio de hoy resulta alentador cuando escuchamos que la población entera se agolpaba a la puerta para ser curadointerrumpen su oración solitaria para decirle que todo el mundo te busca…  y termina diciendo que así recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios. Jesús, con sus palabras y gestos, entusiasma porque anuncia una Buena Noticia que promueve y devuelve la vida. ¿Y para quién es buena noticia? Es buena noticia para cada uno de nosotros que no acabamos de ver satisfecho nuestro anhelo, que no terminamos de calmar nuestra sed, que se nos va la vida tratando de ver curadas nuestras enfermedades y dolencias, que necesitamos urgentemente colmar nuestras aspiraciones más vitales. Andamos buscando la felicidad por todas partes, llamando a innumerables puertas, y como resultado de nuestras incansables idas y venidas, nos encontramos, irremediablemente, postrados, desencantados.

Resulta difícil creer que el Evangelio sea una Buena Noticia, acostumbrados como estamos a ver en Dios a un rival o, peor aún, a un enemigo de la vida. Aunque no lo expresemos así, es muy posible que en nuestro fuero interno estemos persuadidos de que las cosas relacionadas con Dios, nos recortan la vida, nos la fastidian: lo religioso nos quita la alegría y las ganas de vivir. La vida es ya lo suficientemente dura como para que andemos llenándola de cargas y restricciones. Y no obstante, la religión, precisamente, se ha encargado un poco o un mucho de ponernos las cosas cuesta arriba.
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Enseñar con autoridad

Cruz de la Parroquia de Espinho, Portugal (det.) | Xaime Lamas, monje de Sobrado

Estamos comenzando a caminar en pos de Jesús de Nazaret. Estamos en el inicio de su ministerio público, pero antes de este ministerio hemos celebrado un acontecimiento que iba a marcar su vida: su inmersión en las aguas como uno de tantos de los que se presentaban a Juan Bautista para recibir el bautismo de conversión. Hay un segundo episodio en su vida que, así como el Bautismo lo marca para siempre por dentro, este segundo episodio le abre las puertas para enfrentarse con la vida desde una gran libertad interior: su retiro en el desierto en el que tiene que enfrentarse a sus propios demonios, vencerlos y elevarse por encima de la seducción del mal. Esto le dio una vida interior llena de gracia y de vedad y una autoridad a sus palabras y a su vida que generaba admiración entre las gentes.

Dice José María Castillo en su libro, La humanización de Dios: «Lo mismo los discípulos que las gentes, cuando veían, sentían y palpaban los hechos extraordinarios de Jesús, veían las experiencias propias y características de lo divino, si se prefiere, la experiencia que trasciende lo humano. Por eso la pregunta que les salía espontáneamente era: ¿Quién es este?». Seguir leyendo

Degustar la vida seriamente

Inicio Luminoso | Filippo Rossi | 2014

Como a los Fundadores de Císter en el s. XII, a nosotros nos interesa también la experiencia vital, el saborear la vida. No queremos  quedarnos atrapados por lo institucional ni por lo racional. Nuestro deseo profundo es el de degustar la vida seriamente.

En los últimos años, los estudiosos del Císter han subrayado que la aspiración última de aquel grupo de hombres era la concordia: “buscar la unión con Dios, la unidad en la comunidad, la unanimidad de la Orden, la comunión con la Iglesia universal, y el sentimiento de ser uno con el todo”.

Hablan incluso del surgimiento de una nueva conciencia, “que valora más la interioridad, la subjetividad y la experiencia personal. Muchos que querían ser monjes no se sentían atraídos solamente por el ideal de vivir una vida ordenada en un monasterio organizado, sirviendo bien a Dios. Querían sentir algo. En cierto sentido, al buscar a Dios, esperaban encontrarse también a sí mismos… El verdadero dinamismo del movimiento cisterciense estaba en su búsqueda del verdadero sentido del monacato, cómo se experimentaba el vivir la Regla por monjes y monjas reales, y su relación con sus aspiraciones más profundas. Los cistercienses se movían en la ola de un creciente interés por la afectividad y la relación, tanto con Dios como con los hombres. El ‘éxito’ de la iniciativa cisterciense… estuvo en responder a las exigencias de una conciencia de sí mismo que estaba surgiendo”.
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El Reino de Dios y su justicia

Fotografía de Rick Ipanema

No sabemos con certeza cómo reaccionaron los discípulos del Bautista cuando Herodes Antipas lo encarceló en la fortaleza de Maqueronte. Conocemos la reacción de Jesús. No se ocultó en el desierto. Tampoco se refugió entre sus familiares de Nazaret. Comenzó a recorrer las aldeas de Galilea predicando un mensaje original y sorprendente. El evangelista Marcos lo resume diciendo que «marchó a Galilea proclamando la Buena Noticia de Dios».

Jesús no repite la predicación del Bautista, ni habla de su bautismo en el Jordán. Anuncia a Dios como algo nuevo y bueno. Este es su mensaje. «Se ha cumplido el plazo». El tiempo de espera que se vive en Israel ha acabado. Ha terminado también el tiempo del Bautista. Con Jesús comienza una era nueva.

Dios no quiere dejarnos solos ante nuestros problemas, sufrimientos y desafíos. Quiere construir junto con nosotros un mundo más humano. «Está cerca el reino de Dios». Con una audacia desconocida, Jesús sorprende a todos anunciando algo que ningún profeta se había atrevido a declarar: “Ya está aquí Dios, con su fuerza creadora de justicia, tratando de reinar entre nosotros”.
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¿Qué buscáis?

Gran signe d’interrogaciÒ | Antoni Tàpies | 2010

«Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: “¿Qué buscáis?”» Esta pregunta es la definición misma del ser humano: un ser que busca, que lleva una interrogación en su corazón. Es a través de las preguntas que nos habitan que hacemos el camino de la fe.

Lo primero que Jesús pide a los primeros discípulos no es obediencia o adhesión, la observancia de reglas o nuevas fórmulas de oración. Lo que les pide es un viaje al corazón, adentrarse en el centro de sí mismos, encontrar el deseo que habita la profundidad de la vida: «¿Qué buscáis?» Jesús no es un proveedor de respuestas, sino aquel que nos anima a no temer las preguntas y a mantenerlas vivas, aunque duelan, y, además, nos invita a hacer el camino a través de esas mismas preguntas: «Venid y lo veréis».

Jesús da a entender que nos falta alguna cosa, una ausencia que nos quema por dentro. ¿Qué nos falta? Algo falta, algo de decisivo, que casi siempre ni siquiera somos capaces de verbalizar. No fuera ese vacío y difícilmente nos abriríamos a otras dimensiones de la vida. La ausencia se transforma en nuestra energía vital. La ausencia en nuestras vidas debe ser guardada como un lugar sagrado, donde nuestro oído se despierta para la voz de Dios. Seguir leyendo

El Espíritu bueno de Dios

Bautismo de Jesús | Ilda David’ | 2015 | Catedral de Bragança (Portugal)

Él os bautizará con Espíritu Santo. (Mc 1,8)

Jesús de Nazaret no es un hombre vacío ni disperso interiormente. No actúa por aquellas aldeas de Galilea de manera arbitraria ni movido por diferentes intereses. Los evangelios dejan claro desde el principio que Jesús vive y actúa movido por «el Espíritu de Dios».

No quieren que se le confunda con cualquier «maestro de la ley», preocupado por introducir más orden en el comportamiento de Israel. No quiere que se le identifique con un profeta falso, dispuesto a buscar un equilibrio entre la religión del templo y el poder de Roma.

El evangelista Mateo quiere, además, que nadie lo equipare con el Bautista. Que nadie lo vea como un simple discípulo y colaborador de aquel gran profeta del desierto. Jesús es «el Hijo amado» de Dios. Sobre él «desciende» el Espíritu de Dios. Sólo él puede «bautizar» con Espíritu Santo. Seguir leyendo