Cerca de Ti, Señor


Cerca de Ti, Señor, yo quiero estar;
tu grande eterno amor quiero gozar.
Llena mi pobre ser, limpia mi corazón;
hazme tu rostro ver en la aflicción.

Mi pobre corazón inquieto está,
por esta vida voy buscando paz.
Mas sólo Tú, Señor, la paz me puedes dar,
cerca de Ti, Señor, yo quiero estar. Sigue leyendo

Un nuevo modo de sentir y vivir

Parque del Monasterio

Yo estoy convencida de que no habrá un cambio radical estructural, ni social, ni ecológico sino hay un cambio en nuestro modo de entendernos, sentirnos y vivirnos. Un profundo cambio radical, es decir que alcance las raíces de ser. 

¿Qué caminos deberíamos seguir los humanos si queremos aprender de este posible “último aviso de la tierra”? No soy experta en antropología, pero algo sé de humanidad y presiento que los caminos hacia la liberación pasan una vez más por un gran éxodo antropológico. Arriesgo a enumerar algunos de esos éxodos que suponen un nuevo modo de ser persona. Éxodos que al menos en mí, veo imprescindibles:  Sigue leyendo

Desprendimiento de sí mismo

La Ascensión es el regreso de Jesús al corazón de toda la creación, en donde ahora mora con su humanidad glorificada. El misterio de su Presencia está oculto en cada corazón, en toda la creación y en cada una de sus partes.

Cristo es “la Luz que alumbra a todos”, y que está presente en la formas y acontecimientos más inesperados y ocultos. Jesús desapareció detrás de las nubes el día de la Ascensión, no para dirigirse a un sitio geográfico, sino al corazón de toda la creación. Ha penetrado lo más profundo de nuestro ser, capacitándonos para actuar bajo la influencia directa del Espíritu. De esta manera, estemos donde estemos y hagamos lo que hagamos, orando, comiendo, trabajando o caminando, Cristo vive y actúa en nuestro interior, transformando nuestro mundo desde adentro. Esta transformación, discreta y humilde, se revela en las cosas ordinarias, en las rutinas diarias que parecen insignificantes. Sigue leyendo

El valor de la lentitud

Fotografía de Jordi Vidal | GETTY IMAGES

Nunca olvidaré la conmoción que me produjo mi profesor de piano al decirme que cuando quisiera descubrir si alguien era buen músico le pidiera que tocara un adagio de Mozart. Para un adolescente obsesionado con el virtuosismo, eso representaba un ángulo completamente contrario a mi creencia central entonces: que rápido significa bueno.

A pesar de lo que pueda pensar, es mucho más difícil tocar una pieza lenta que una rápida en el piano. Con un studio presto de Chopin, después de las horas requeridas de práctica, los dedos básicamente ejecutan el trabajo por sí mismos en forma de piloto automático. Suena impresionante en la sala de conciertos, pero es bastante unidimensional. Un problema matemático resuelto con física y una inteligente elección en cuanto a la digitación. Sigue leyendo

Hemos aprendido que somos débiles

Una de las cosas más importantes que hemos aprendido durante esta cuarentena es que somos débiles. Algo que ya sabíamos, o al menos intuíamos, pero de lo que tratábamos de huir o intentábamos disimular.

Este tiempo de pandemia, en primer lugar, nos ha recordado que no somos dioses, sino que tenemos que lidiar con nuestra debilidad. Resulta sobrecogedor ver como en pocas semanas pasamos de pensar en el transhumanismo y de la capacidad humana para prolongar la vida y detener la muerte, a constatar con dolor como todos nuestros esfuerzos no lograban detener la espiral de muerte creada por un virus invisible a nuestros ojos. Era como si la propia naturaleza nos recordara que, pese a estar en la cúspide de la pirámide de la evolución, el hombre sigue siendo una criatura débil e indefensa. Sigue leyendo